Mujeres y vino: una alianza cada vez más firme

Durante cientos de años muchos sectores, tareas, trabajos estuvieron siempre y solamente asociados a lo masculino, a tareas de varón, a asuntos exclusivamente varoniles. El mundo vitivinícola no es una excepción. Afortunadamente, tanto este sector como muchos otros, permiten cada vez más que las mujeres también formen parte de él. Y esto sucede con un gran éxito.

En la Antigüedad, estaba prohibido que las mujeres bebiesen vino. Esta prohibición fue levantada en la Edad Media pero en el siglo XVIII el mundo burgués impuso códigos muy estrictos que limitaban mucho a las mujeres poder tener un rol activo, otro que el de bebedoras de este elixir que es la vid. Inclusive tenían prohibido, aún siendo anfitrionas, seleccionar una botella, abrirla y servir las copas de sus invitados. Según este código, una “mujer honorable” no bebía vino. La distancia que se imponía no era sólo relacionada con el beber, sino inclusive con cualquier métier relacionado a esta acción.

A pesar de todas estas medidas en Francia, durante los siglos XVIII y XIX, algunas mujeres tomaron las riendas con el fin de continuar el negocio de sus maridos fallecidos. Y les fue muy bien. Citamos por ejemplo a Françoise-Joséphine de Lur-Saluces con su finca Château d´Yquem que bajo su dirección logró un renombre internacional aún hoy vigente. De igual forma Alexandrine Pommery y Barbe Nicoles Clicquot supieron continuar magníficamente el legado de sus maridos y superarlos ampliamente. Pero lo sorprendente de todo esto, es que hacia mediados del siglo XX, aparece un nuevo fenómeno de mujeres creadoras de fincas vitivinícolas, por su propia cuenta, sin contar con títulos de “esposa de” o “viuda de”.

Tanto Francia como Argentina son reconocidas por sus cepas, terroir, procesos, productos finales. El origen de la vid es tan remoto como el hombre mismo. Su llegada a Francia podría situarse hacia el año 200 a.C. con la llegada de los romanos al pueblo galo. En Argentina tiene una vida más joven, alrededor de unos 400 años, con la llegada de los españoles. Las primeras variedades se introdujeron en América central pero debido al clima no perduraron hasta que años más tarde sí lo hicieron en América del Sur. Los territorios ocupados con plantaciones de este fruto fueron extendiéndose cada vez más, sumado al reconocimiento mundial que adquirieron los vinos argentinos luego de la Primera Guerra Mundial y al aumento de su consumo por habitante.

Tanto Francia como Argentina han adquirido una larga trayectoria vitivinícola y las mujeres tienen actualmente un rol muy activo. Sommeliers, críticas, enólogas, profesoras, escritoras, empresarias, todas ellas se apasionan e interesan por este maravilloso universo. Algunos afirman que el vino es como los ángeles: no tienen sexo, no hay vinos femeninos o masculinos. “Lo que se llama ´vin de femme´ es un vino de paladar para principiantes, más redondo, más dulce y más fácil. El resto es una cuestión de educación, no es una cuestión de sexo sino de edad “, resume Valérie Pajotin[i].

Uno de los vinos franceses más relacionados con lo femenino y su sensualidad es el champagne[ii], según muchos une passion et un métier qui se conjuguent au féminin. La escritora belga nacida en Japón, Amélie Nothomb no oculta su pasión por este gran vino espumante y dedica varias páginas y libros a esta bebida:

“ […] el champán es uno de los únicos[iii] que no suscitan metáforas groseras. Provoca que el alma se eleve hacia lo que debió de ser la condición de hidalgo en la época en la que esta hermosa palabra aún tenía sentido. Hace que te vuelvas gracioso, ligero y profundo a la vez, desinteresado, exalta el amor y, cuando el amor te abandona, confiere elegancia a la pérdida. Por todas estas razones me pareció que podía sacarle un provecho mucho mayor a este elixir.”

Entre las mujeres argentinas que actualmente pisan fuerte en el mundo de la vid, encontramos a Marina Beltrame (Primera maestra sommelier y co-fundadora de EAS[iv], hoy Directora General de esa Escuela); Agustina de Alba (Sommelier, docente en EAS y creadora de los ciclos “Women & Wine”); Laura Catena (Directora General y Fundadora del Catena Institute of Wine y cuarta generación de viticultores); Fernanda Orellano (Abogada, docente en EAS y escritora); Paz Levinson (2 veces ganadora del concurso Mejor Sommelier de Argentina y 4° a nivel internacional en 2016[v]), entre muchas otras.

Fernanda Orellano nos confirma en su libro La cocina del vino. Del viñedo a la mesa sin escalas[vi] que “la Argentina está en el lugar correcto y en el momento exacto, y por eso es protagonista del mundo del vino”.

Ambos países cuentan con asociaciones que reúnen a las amantes del vino, ya sea por trabajo, investigación o simple pasatiempo. Entre ellas encontramos en Francia a Femmes de vin que reúne a todas las mujeres del país agrupadas en asociaciones regionales y en Argentina a Amuva, ubicada en Luján de Cuyo, Mendoza.

Paula Ruiz y Marine Vitale

 

[i] Secretaria general de la Asociación Nacional Interprofesioanl de vinos de Francia (anivin) Le Monde: les femmes poussent le bouchon toujours plus loin

[ii] Aunque es habitual denominar así a cualquier vino espumoso, solo podemos calificar como Champagne a aquellos espumosos que provienen de la región de la Champaña, en el noreste de Francia.

[iii] La protagonista habla del alcohol en general. Pétronille, Amélie Nothomb, Editorial Anagrama, 2014

[iv] EAS: Escuela Argentina de Sommeliers

[v] En el 2016 se llevo a cabo el ASI Mejor Sommelier del Mundo 2016 en Mendoza, donde terminó semi-finalista, N° 4 del Mundo.

[vi] Editorial Albatros, 1ª edición 2017