La historia del chocolate en Francia!

Si bien el chocolate o más bien el cacao no es un alimento originario de Europa, el viejo continente le supo dar una cálida bienvenida y lo adoptó de tal manera que muchos creen que su origen se remonta a países como Francia, Bélgica o Suiza. En esta nueva nota te contamos cuál es la historia del cacao, cómo llegó a Europa, qué Rey lo utilizaba como afrodisíaco y dónde conseguir los chocolates que comía María Antonieta antes de la Revolución Francesa!

El chocolate es originario de México y la leyenda nos dice que el dios Quetzacoatl regaló a los hombres el árbol de cacao qué más tarde bautizarían científicamente como Theobroma Cacao, alimento de los dioses. La sociedad azteca lo consumía líquido, oscuro y espeso y le agregaban especias, como más tarde lo harían los europeos. A esta preparación la llamaban tchocolatl, muy similar a la palabra que utilizamos hoy: chocolate. Luego de la llegada de los españoles a tierras americanas, los colonizadores fueron “conquistados” por esta bebida y se dice que, en 1519, Hernán Cortés, fue adorado por los aztecas creyendo que representaba la reencarnación del dios Quetzacoatl. Por lo tanto, Cortés recibió todos los honores, entre ellos el chocolate líquido. A partir de entonces, los españoles lo llevaron a su país y su difusión por todo el viejo continente fue inmediata gracias a la infanta española Ana de Austria, casada con el rey de Francia Luis XIII, una apasionada de esta bebida caliente.

Desde hace muchos años, se dice que el chocolate cuenta con muchas propiedades, dentro de las cuales se incluye su fama de ser un gran afrodisíaco. El Château de Versailles es testigo de dicha fama. Al llegar a la corte de Luis XIV, el Rey Sol solía enviar a sus mensajeros a decir a las bellas damas de la corte que el Rey las esperaba en su alcoba para beber juntos una taza de chocolate caliente… El mensaje era claro y directo, el Rey se servía del chocolate para tener muy cerca a las damas que deseaba. Como todo lo que sucedía en Versailles, la bebida se volvió muy famosa y se impuso como moda: las grandes élites bebían chocolate caliente. Pero no en cualquier momento del día, esta deliciosa bebida era ideal por la mañana o la tarde. Hasta aquí, su consumo era sólo en estado líquido y muchos se preguntaban si se trataba de un alimento o una bebida. Lo cierto es que lo que hoy bebemos es muy diferente de aquella taza de chocolate caliente que se consumía en el siglo XVII. En aquel entonces se preparaba el chocolate colocando en una cacerola de agua caliente y luego las llamadas pastillas de cacao que se fundían inmediatamente, se le agregaban especias bien aromáticas del tipo canela, nuez moscada que al venir de muy lejos, de las tierras del sol naciente, las especias demostraban en esa época que quienes las tenían eran además poseedores de un alto status dentro de la sociedad, y en esos tiempos, pertenecer a la alta sociedad lo era todo. Una vez preparado, se pasaba la bebida a una “chocolatera”, un simpático elemento similar a lo que hoy es una cafetera, que permitía mantenerlo caliente y gracias a una cuchara vertical que se introducía a través de la tapa, se lo removía para evitar que sus componentes se asentasen en el fondo de la misma. Otro simpático elemento de la época era la llamada trembleuse (en español se la conoce como mancerina)[i], una especie de taza que podía encastrarse en su plato y que era utilizado por las damas de la corte para evitar que al caminar con sus grandes faldas no las manchasen con chocolate. Voluptuoso, espeso y perfumado, el chocolate era considerado un gran alimento medicinal que propiciaba una buena salud.

Unos años más tarde, Luis XV, otro gran apasionado de esta bebida, crea el título de “chocolatero del Rey”, un oficio inaugurado por el farmacéutico Sulpice Debauve quien seguirá al pie de la letra la frase latina utile dulci (combinar lo útil con lo placentero) y crea el primer “chocolate para morder”, beneficioso para el cuerpo y también para el alma. El traspaso del chocolate líquido a su estado sólido tiene una historia muy particular cuya protagonista es ni más ni menos que la Reina María Antonieta. En esa época, la reina consumía diferentes medicamentos que resultaban difíciles de tomar por sus sabores intensos y desagradables entonces Sulpice Debauve, enterado del malestar que aquejaba a la reina, consideró conveniente esconder en el chocolate sólido todas las especias que los médicos le recomendaban para mejorar la salud. De esta forma, el sabor intenso del cacao y su estado sólido facilitaría la ingesta de las diversas medicinas.  Tal suceso se volvió oficial cuando en junio de 1779 Debauve presentó a la reina la solución para su problema y la forma de las piezas de chocolate, similar a las monedas que se utilizaban en la época llamadas pistole, dieron el nombre a estos chocolates. En la actualidad, los descendientes de Debauve, en su novena generación, perpetúan el savoir-faire de sus antepasados y ofrecen en su tienda de Paris[ii], entre muchas otras exquisiteces, los famosos pistoles que solía degustar María Antonieta.

En plena Revolución Industrial, el chocolate en Francia comienza a fabricarse a modo de tableta lo que permite que toda la población tenga acceso a probarlo dejando de ser un placer exclusivo de la aristocracia.

En la actualidad, el chocolate es la delicia de muchos y se consume en cualquier momento del día formando parte protagonista de postres, golosinas y helados. Mundialmente conocido y adorado, el consumo moderado de chocolate amargo además es beneficioso para la salud debido a la presencia de antioxidantes en los granos de cacao.

Para tener en cuenta, todos los años tiene lugar en Paris el “Salón del Chocolate”, este año se celebrará del 30 de octubre al 3 de noviembre.

Ya se aproximan a nuestro país los días frescos, las tardes otoñales que serán mejor recibidas si lo hacemos bebiendo una taza de chocolate caliente! Bon appétit!

 

Paula Ruiz

@pola.rz.okey

[i] Del marqués de Mancera, A. S. de Toledo, 1608-1715, virrey del Perú de 1639 a 1648. 1. f. Plato con una abrazadera circular en el centro, donde se coloca y sujeta la jícara en que se sirve el chocolate. https://dle.rae.es

[ii] 30 Rue des Saints-Pères, muy cerca del Museo d´Orsay.